Tradiciones

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50 años de fiesta vallenata

Del 26 al 30 de abril se celebrarán cinco décadas del Festival Vallenato en su sede oficial, Valledupar.

 

 

Será una fiesta sin precedentes en la que se rendirá un homenaje a los gestores del evento: Rafael Escalona, Consuelo Araujo Noguera y Alfonso López Michelsen, quienes en 1968 quisieron unir la magia, las costumbres, las vivencias y el paisaje de esta tierra que inspiran las letras del vallenato interpretadas al son de caja, guacharaca y acordeón.

El acordeón llegó desde Europa a Colombia en el siglo XIX por La Guajira y nuestros músicos lo modifican para lograr las notas típicas del vallenato. Por su parte, la caja es un  instrumento africano, elaborado en principio con troncos huecos y cuero animal, es el encargo de la percusión. Finalmente, la guacharaca es un instrumento indígena que viene acompañado de un peine o trinche que sirve para raspar la superficie corrugada.

El vallenato es uno de los géneros emblemáticos de nuestra cultura colombiana, su sonoridad, que incluye merengue, paseo, puya, son y tambora lo han llevado a todos los rincones del mundo, al punto de ser declarado Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad por la Unesco, un motivo más para celebrar la más grande fiesta vallenata.

Durante cinco días Valledupar se engalana para rendirle honor a la cultura y premiar lo mejor de este género que refleja la riqueza del folclor colombiano. La competencia principal es la elección del Rey de Reyes, que se celebra cada diez años desde 1987, en la que solo pueden participar aquellos que ya han sido coronados como los mejores en las ediciones anteriores.

Además se premia: la mejor canción inédita, al Rey vallenato de la piquería, y los grupos piloneros, uno de los vestigios culturales más importantes que tenemos en la región Caribe y que le dan vida al Festival.

Bavaria se une a la fiesta y reconoce que el Festival de la Leyenda Vallenata es un tesoro del folclor y una de las #TradicionesQueNosUnen como colombianos.

 


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La danza del Pilón: la danza que adorna el Festival

La danza del Pilón es el evento de apertura del Festival de la Leyenda Vallenata, una tradición llena de color y alegría que se niega a morir.

 

Esta danza está inspirada en el Pilón, un canto popular que se ha transmitido por muchas generaciones a través de una de las tareas domésticas tradicionales en la región: la pilada (molida) del maíz y que hoy parece perpetuarse a través del verso: “A quién se le canta aquí, a quién se le dan las gracias. A los que vienen de afuera o a los dueños de la casa…”

En 1984 Consuelo Araújo Noguera, embajadora por excelencia del vallenato en Colombia y el mundo, propuso que el Festival de la Leyenda Vallenata tuviera un baile representativo y que sirviera como puerta de entrada al evento. Entonces surge la Danza del Pilón.

Desde entonces, cientos de hombres y mujeres invaden las calles de Valledupar el primer día del Festival y llenan de colorido y música este evento y preparan a los asistentes para los días de fiesta que vienen y en los que se coronará al Rey Vallenato.

“Yo quiero que esta tradición se mantenga. Por eso mis hijos y mis nietos participan en la danza, porque esta danza no se puede morir”, dice Maritza Viña, directora de El Pilón del Cañaguate, una de las agrupaciones que participa en el desfile desde hace 17 años.

En las oportunidades en las que ha hecho parte del concurso de piloneras, su grupo ha recibido 15 trofeos grupo ha sido declarado fuera de concurso en dos oportunidades.

Bavaria ha acompañado por muchos años a los vallenatos durante el Festival de la Leyenda que, así como la Danza de Las Piloneras y la alegría que transmiten, es una de esas #TradicionesQueNosUnen


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Un río que se convierte en poesía

El río Guatapurí es mencionado en cientos de canciones vallenatas y es, sin duda, protagonista del folclor.

 

Nace en la Sierra Nevada de Santa Marta y en su recorrido, sus aguas heladas adornan el Valle de Upar sirviendo de inspiración para compositores e intérpretes vallenatos que reconocen en él uno de los símbolos de la música que nos identifica como colombianos.

“El río Guatapurí es muy importante porque al igual que todas las civilizaciones, Valledupar nació y se desarrolló en torno al río y a la riqueza que estas aguas cristalinas le dan a toda la región”, explica el historiador Tomás Darío Gutiérrez.

La brisa en las orillas del Guatapurí parece cantar y al verlo correr con cadencia por el Valle, todas esas letras de la música vallenata cobran mayor sentido, porque es imposible no inspirarse con este caudal que alimentó la creatividad y volvió poesía cada verso.

El aporte del río Guatapurí al Valle de Upar es también económico pues su cauce brinda el agua necesaria para la producción de arroz y otros cultivos que mantienen activo el sector agrícola de la zona.

El Guatapurí, el Badillo y el César hacen parte del paisaje del Valle. Este paisaje en el que la sabana es verde, en el que los árboles de cañaguate florecen en verano. Ese paisaje que solo el vallenato puede retratar a punta de acordeón y poesía.

Bavaria y el río Guatapurí acompañan a nuestros compositores e intérpretes vallenatos para seguir conservando esas #TradicionesQueNosUnen

 


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Una tradición que está a la cabeza del Carnaval

Desde 1930, la familia Rodríguez ha salido a las calles de Barranquilla con Los Cabezones, una comparsa que divierte a todos los carnavaleros.

Hay una comparsa que le arranca una sonrisa hasta al más serio del Carnaval de Barranquilla: Los Cabezones. Se trata de un grupo de personas con enormes cabezas de papel maché que bailan alegremente al ritmo de los tambores que inundan la Vía 40 durante la Batalla de Flores y la Gran Parada.

El responsable de este toque de alegría es Ricardo Rodríguez, un hombre que destina parte de su salario y todo su tiempo libre a diseñar y fabricar enormes cabezas de personajes del deporte, la política y la farándula para que hagan parte de los eventos del Carnaval.

“Mi familia siempre ha estado con esta comparsa. Cuando yo era niño, no me permitían salir a desfilar, pero una vez, cuando tenía 10 años, me robé una de las cabezas y a escondidas me metí en el desfile. Cuando los mayores se dieron cuenta, soltaron la carcajada… desde entonces Los Cabezones hacen parte de mi vida y todos los años desfilo”, relata Ricardo.

Durante todo el año, Rodríguez se prepara para la fiesta mas grande de Colombia. Su esposa, su hija y su yerno lo apoyan y por eso permiten que su casa esté inundada de cabezas enormes y le ayudan a confeccionar trajes, a pintar y, claro, a desfilar para que la tradición de los Cabezones se mantenga en el Carnaval.

Los Cabezones y la alegría que transmiten en el Carnaval de Barranquilla es una de las  #TradicionesQueNosUnen.


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Rubiel Badillo: una nueva generación de artesanos

Las tradiciones del Carnaval de Barranquilla tiene guardianes de todas las edades. Jóvenes artistas se esfuerzan por preservarlas.

Haber nacido en un pueblo de artesanos fue una especie de predestinación para Rubiel Badillo. Este galapero completa ya casi 10 años participando como diseñador y fabricante de las carrozas gigantes que participan en los desfiles del Carnaval.

Desde niño aprendió a tallar máscaras en madera y con el pasar del tiempo, se dio cuenta de que el arte iba a ser su vida, lo que nunca se imaginó fue que sus obras alcanzaran un tamaño gigantesco que lo hacen ver como un ser minúsculo. Y es que las carrozas del Carnaval que fabrica Badillo pueden alcanzar fácilmente los 20 metros de alto.

“La primera carroza que hice fue en homenaje a Joe Arroyo, la hice con una temática africana porque sabía que él valoraba mucho esa cultura”, cuenta Badillo al recordar su primera participación en el Carnaval de Barranquilla.

Rubiel Badillo es consiente del compromiso que adquirió al vincularse al Carnaval, pues sabe que, como uno de los artesanos más jóvenes que participan en esta fiesta, tiene como misión preservar las tradiciones y transmitir a nuevas generaciones el valor de una de las fiestas más grandes de Colombia.

Desde su labor como docente de Artes Plásticas, Badillo promueve los valores tradicionales de la Guacherna, La Gran Parada y la Batalla de Flores y sabe que no puede haber una mejor galería para sus obras que la Vía 40.

Las carrozas de Rubiel Badillo son parte fundamental en las celebraciones del Carnaval de Barranquilla y son #TradicionesQueNosUnen en torno al valor del arte.


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Bavaria rinde homenaje a cinco grandes personajes que mantienen viva la tradición del Carnaval de Barranquilla

Historias humanas, tradiciones artesanales y mucha pasión, son el espíritu del Carnaval de Barranquilla que está presente en cada verbena, desfile, fiesta y reinado que se toman la ciudad todos los eneros. Hoy celebramos con Colombia las tradiciones que nos unen, que hacen posible que las fiestas folclóricas y culturales más reconocidas del país, Patrimonio de la Humanidad, cobren vida todos los años y cada día sean más vigentes:


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El artesano que se convirtió en el Rey de la fiesta

Selva Africana es una de las comparsas insignes del Carnaval de Barranquilla. La creatividad y la tradición son su gran atractivo.

“Carnaval sin máscaras no es Carnaval”, dice José Llanos mientras revisa los detalles de la cabeza de un tigre hecha en papel maché y goma de yuca. Este artesano, nacido en Galapa (Atlántico) hace 71 años, se ha encargado de adornar con sus obras los desfiles del Carnaval de Barranquilla con su comparsa Selva Africana.

Una vez aprendió a hacer las máscaras tradicionales, José, apoyado en su inmensa creatividad, decidió aventurarse a innovar. Estudió en detalle la apariencia de los animales de las selvas africanas: tigres, leones, elefantes, orangutanes y jirafas pasaron por su cabeza y se hicieron realidad en sus manos “yo quería hacer algo diferente, quería que cuando la gente me viera en el desfile se sorprendiera. Yo quise traer África al Carnaval ¡Y lo logré!”, dice entusiasmado mientras organiza las plumas de una de las máscaras.

En 1970, José se lanzó a la Gran Parada ataviado con una de sus máscaras, un disfraz y un maquillaje simple. Ese fue el comienzo de la comparsa Selva Africana “esa primera vez, la gente me aplaudía mucho, me miraba mucho. Ahí yo me di cuenta de que lo que hacía estaba funcionando, entonces dije ¡Vamos a hacerlo crecer!”, relata. Y así fue. Para la edición de 2017 del Carnaval de Barranquilla Selva Africana tendrá más de 100 bailarines en escena. Todos con máscaras, vestuario, maquillaje completo y una coreografía que se mantiene en secreto.

Los hijos de José lo ayudan en este sueño y son ellos los que ahora se encargan de planear, organizar y ejecutar todo lo relacionado con las presentaciones de la  comparsa.

Las máscaras de José Llanos y su comparsa enriquecen la cultura colombiana y se convirtieron en una de las #TradicionesQueNosUnen en torno al Carnaval de Barranquilla.


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Una tradición que convirtió el miedo en alegría

Cinco generaciones han interpretado por más de 60 años consecutivos a Los Descabezados, una comparsa protagonista del Carnaval.

Debajo de un armazón de varillas, tela y espuma se esconde una tradición familiar que nació como un homenaje póstumo al caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán. Se trata de Los Descabezados, que desde 1953 han participado en los desfiles del Carnaval de Barranquilla y se han convertido en un símbolo de esta fiesta.

El precursor de esta comparsa es Ismael Escorcia, un hombre de 87 años que, inspirado en los cuentos de terror que le contaban cuando niño, las películas de la década de los 40 y lo que vivió durante la época de la violencia en Colombia decidió convertir un personaje que normalmente causaría miedo, en un motivo para celebrar y bailar durante los Carnavales.

La comparsa ha recibido 20 Congos de Oro y, en 2009, Ismael fue coronado como Rey Momo, lo que para este artesano autodidacta fue  el punto de partida para estar en la cima de la tradición de los Carnavales y le permitió contarle al mundo lo maravilloso de la más grande de sus pasiones.

Durante todos estos años Bavaria ha acompañado a la familia de Ismael y a todas las que se visten de fiesta para disfrutar un Carnaval lleno de color, sabor y tradición. Por eso la historia de los descabezados de los Escorcia es una de esas  #TradicionesQueNosUnen


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El Torito Ribeño: la tradición familiar hecha Carnaval

Los trajes coloridos, que se complementan con altos sombreros llenos de flores de colores, se mueven al ritmo de la música que acompaña la Danza del Congo, un baile que forma parte del Carnaval de Barranquilla y que simula una danza guerrera.

Una de las agrupaciones más importantes de la Danza del Congo, un baile que forma parte del Carnaval de Barranquilla, es el Torito Ribeño, fundada en 1876 y dirigida Alfonso Fontalvo, quien desde 1970 porta el sombrero blanco encintado que lo identifica como el director.

Entre los brillantes que adornan su traje satinado y sus palabras llenas de recuerdos e historia, Alfonso Fontalvo es un imán de miradas. Él es un hombre que nació por y para el Carnaval. Ha desfilado en cada Batalla de Flores y cada Gran Parada desde que tiene memoria.

Decenas de fotos y recortes de periódico adornan la primera habitación de esta pequeña casa del barrio El Rebolo de Barranquilla. Alfonso se detiene frente a un afiche en el que está su foto, con el vestido completo de Congo y una leyenda en letras rojas que dice: Rey Momo 2005. “Ser Rey Momo es un honor para los carnavaleros , es el representante de la fiesta y por eso es tan importante ser nombrado y es una oportunidad para que no muera, para que todo el mundo conozca el Carnaval y vengan a gozar”.

Que toda una familia haya decidido perpetuar la riqueza cultural del Carnaval a través del baile es una gran historia y que los Fontalvo terminaran convirtiéndose en la encarnación misma del Torito Ribeño es una de tantas #TradicionesQueNosUnen


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